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El Amortizado

      El amortizado Ese atardecer el sol había tardado más en caer y el cielo se teñía de un rojo casi sangriento. Era un preludio de la desgracia que llegaría con la luna llena. No como una casualidad, ni por influencia del astro, sino como un rito organizado. Nada de lo que hacían era casual: cada símbolo, cada fecha, era cuidadosamente elegido. El hasta hacía unas semanas jefe absoluto del gobierno se mostraba silencioso y taciturno entre los más íntimos. Sus apariciones públicas, desde hacía tiempo, habían menguado hasta casi desaparecer. Su actividad con los ministros, cada cual más incapaz, se diluía. Su influencia en las decisiones importantes era cosa del pasado, aunque en realidad, más que decidir, siempre había obedecido los lineamientos. Pero él se había creído el rol; durante años se creyó intocable. Incluso poderoso, mientras amontonaba dólares en cuentas corrientes. Hoy, mágicamente, ese dinero se había esfumado. En los edificios estatale...
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Bartolomé Cáceres

    Bartolomé Cáceres   Bartolomé Cáceres llevaba horas sentado en un banco de la estación de ferrocarril. —Aquel del pantalón azul, no. El del sombrero, tampoco. Esos niños que van con la señora mulata, sí. La señora también. Lo decía en voz baja, casi para sí, sin apartar los ojos del ir y venir de los viajeros. La estación, construida por los ingleses en el siglo XIX, conservaba esa elegancia solemne que parece resistirse al paso del tiempo. Había en sus lámparas, en los bancos de hierro, en los detalles de las molduras, una extraña mezcla de sobriedad británica y exuberancia local. Era demasiado edificio para tan pocos trenes. Apenas pasaba uno por hora.     Bartolomé había estado allí innumerables veces, pero aquella mañana no miraba la arquitectura. Ni las lámparas, ni los adornos, ni los muebles. Toda su atención se centraba en los viajeros que transitaban por allí esperando el próximo tren. Yo estaba lo bastante cerca para oír su ...

El Sexto Presidente ( versión final)

  "He visto cosas que vosotros no creerías...He visto cinco presidentes enterrados sin nombres y ahora veo al sexto rebelarse contra la élite que lo puso en el mando..."  Mi nombre es Iván Spasky, formé parte del equipo del doctor Zalenko en el laboratorio secreto llamado Zona 33.  Hoy estoy pagando por ello. Protocolo Zalenko   Vladimir Putin había hecho méritos de sobra en el KGB cuando fue elegido para dirigir los destinos de Rusia. Tenía el perfil, la preparación y, sobre todo, la lealtad que sus superiores exigían . Entendía la responsabilidad de ser el elegido y la fragilidad de la permanencia. Solo obedecer y ajustarse al plan le garantizaría continuidad en el poder.  Había sido seleccionado por los mismos que elegían a los líderes del otro bloque mundial.         Wagner Brahum, apellido prusiano y rostro eslavo, era el hombre de la élite para la zona rusa .  Fue el encargado de poner en marcha ...