Rojito me había llamado un año antes del evento. —Oscarcito, el año que viene vamos a ir a Canarias a jugar un torneo de fútbol de veteranos. Eduardo Rojo es de los pocos que no me llaman Negro. Él siempre me llama por mi nombre o por algún diminutivo. —¿Quiénes van a venir? Me sorprendió que hubiera conseguido mi teléfono móvil. Por aquella época no éramos muchos los que teníamos uno. —Es el equipo del colegio, aunque un poquito reforzado, eso sí. Muchos ya no juegan tanto. —¿Los dos cursos? —pregunté. —Sí, los del A y los del B. En realidad, del A solo van Adrián y el Chueco. Y del B, Manuel, el Loco —que viene desde Río Gallegos—, un amigo suyo, Sergio, que no va a jugar, pero viene igual, y vos. Los demás no los conoces. También viene el Gato Andrada, que vive en Las Palmas desde que atajó allí. Va a ser el arquero, así que no llevamos ninguno desde aquí. —No sé si Manuel va a querer jugar si hay un arquero que fue de Rosario Central. Nos reímos los dos y le...