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Mostrando entradas de mayo, 2026

El gran reset

  La tercera planta siempre estaba vacía a esa hora. Era mi momento preferido del turno: los pasillos silenciosos, las alfombras amortiguando cada paso y ese olor a café viejo que flotaba en el aire como un fantasma cansado. Había aprendido a disfrutar de aquellos instantes de soledad, cuando el resto del mundo parecía detenido y uno podía fingir, aunque solo fuera durante unos minutos, que el edificio no existía del todo. Aquella noche, sin embargo, había algo distinto. Lo noté apenas salí del ascensor. Un zumbido bajo, constante, venía de la zona de copiado. No era raro que alguna máquina quedara encendida, pero ese sonido era diferente. No parecía el de una máquina olvidada, sino el de algo despierto: un latido mecánico, un ronroneo contenido. Empujé la puerta. Allí estaba la fotocopiadora más grande de la oficina, con el panel iluminado, la bandeja de salida a medio llenar y un sobre encima, marcado con letras rojas que parecían más una advertencia que una etiqueta: CLASIFI...

Tanti

  Volví a Tanti después de mucho tiempo. Dejé de ir cuando faltaron los abuelos y los primos empezamos a desperdigarnos por varias provincias, incluso países. La casa seguía allí, frente al arroyo, ahora nuevamente con agua, como en los viejos tiempos. Sobre las tejas rojas todavía podía leerse el nombre de la nona: SARA. Herencia de aquella época en que las casas tenían nombre propio en la sierra. Los números llegaron después. Algunos nombres eran sugerentes; la mayoría, en cambio, simples nombres propios. Tras las rejas ya no se veía la bomba de agua en la que nos turnábamos hasta dejarnos los brazos acalambrados. Había desaparecido. Incluso cuando instalaron el motor para el bombeo, el viejo seguía mandándonos a bombear. Le encantaba vernos trabajar, aunque ya no fuera necesario. En el portón de rejas romboidales que daba a la calle, el picaporte era una serpiente. Podías mirar hacia el patio y los árboles a través del portón, pero asir aquella serpiente con la mano pa...