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Mostrando entradas de julio, 2026

Yo mate a Archimedes

 Yo maté a Archimedes A Archimedes no lo mataron los romanos. Lo maté yo. Estaba allí cuando ocurrió, y desde entonces no he vuelto a dormir en paz. Imagen 1 I – La Ortigia y las máquinas El sol caía sobre Siracusa como un martillo de bronce. Las piedras del muelle ardían y hasta las gaviotas parecían tener sed. Yo había pasado la noche en el termopolio de Filón, bebiendo vino resinoso y escuchando a los marineros exagerar sus hazañas. El aire olía a aceite rancio, a pescado pasado y a esa mezcla de especias que solo en Sicilia sabe a casa y a guerra al mismo tiempo. Caminaba hacia el agua para despejarme la cabeza cuando lo vi. Entre los mástiles y las redes colgantes, Archimedes estaba allí, con la túnica recogida y la voz cortando el aire, más parecido a un general que al hombre de estudio que todos creían conocer. —¡No, no, no! —tronó—. Esa viga va allí, no aquí. Si el brazo no se alinea con el eje, cuando sueltes la cuerda, reventará y nos matará a nosotros antes que al cónsul...