La Salamandra, una empresa conocida por sus dulces de leche y productos gourmet, acababa de comprar Andyson, nuestro principal proveedor y propietario de la marca La Paila, de la que éramos importadores exclusivos para España desde hacía más de diez años. La operación me desconcertó. La Salamandra era solo una pequeña pieza dentro de un grupo empresarial enorme. Participaban en negocios que iban desde centrales hidroeléctricas hasta proyectos tecnológicos en Inglaterra para desarrollar motores alternativos a la combustión tradicional. Por eso resultaba difícil entender qué interés podían tener en una fábrica relativamente pequeña como Andyson. Sin embargo, para nosotros no era una empresa menor. La Paila representaba cerca del treinta por ciento de nuestra facturación. No era una noticia para analizar con calma. Era una noticia para subirse a un avión. —María, por favor, llámalos y organiza una reunión con ellos. Viajo a Buenos Aires. —¿Ahora? ¿No es la semana d...