La psico-región
Dinero digital
Toda la Agenda2030 parece empujar hacia el dinero
digital, y los jóvenes ya casi no llevan efectivo en el bolsillo.
Durante años, en España, intentabas pagar en una
gasolinera con un billete de cien euros una compra de sesenta euros y te
respondían que no podían aceptarlo. Ni hablemos si sacabas uno de quinientos.
Todo parece conducir hacia el dinero digital. Sin
embargo, estás en Rosario, una de las ciudades argentinas con mayores problemas
de criminalidad, llegas a una gasolinera a las once de la noche y te dicen:
—Si no tiene dinero en efectivo, no le puedo cargar gasolina.
Entonces piensas:
—No le debe funcionar la red o el terminal de la
tarjeta. No se van a arriesgar a manejar tanto efectivo con tantos robos...
Pero, cuando terminas de pagar, el empleado te dice:
—¿Quiere retirar dinero en efectivo?
—¿Cómo?
—Puede retirar hasta treinta mil pesos en efectivo con su tarjeta.
Es en ese momento cuando uno piensa:
"La Agenda 2030 no puede prosperar aquí. El caos es
la salvación de este país. Nuestros defectos son la principal arma contra un
plan diseñado para entornos normales.
¿Cómo podría imponerse el dinero digital, con fecha de
caducidad, en un país donde las viviendas se compran al contado y se escrituran
por un valor muy inferior al real?
Con una inflación superior al cien por ciento anual, los
constructores pagan impuestos sobre beneficios calculados según el precio de
venta final del inmueble, pero los costes de construcción no se actualizan al
ritmo de la inflación.
¿Cómo podrían vender y pagar esos impuestos sin perder
dinero?
El Estado te obliga a mentir para sobrevivir. Lo hace en
unas actividades más que en otras, pero termina empujando a millones de
personas hacia la economía informal. Y en ese contexto, el efectivo deja de ser
una opción para convertirse en una necesidad.
En Argentina, el dinero digital encontrará
resistencia."
Mate
Durante algunos meses, el mate dejó de compartirse.
Incluso hubo quienes modificaron sus costumbres y adoptaron el mate individual.
Pero en este país, el acto social por excelencia,
aquello que nos distingue de buena parte del mundo, es compartir un mate. Y el
NOM tampoco ha podido con eso.
Del mismo modo que, de niños, todos bebíamos agua de la misma botella al
terminar un partido de fútbol, el mate parece inmortal. Se comparte, se pasa de
mano en mano y sigue siendo mucho más que una bebida: es identidad y
pertenencia.
Argentina 2 - Covidianos 0
Policía y Estado
En muchos países del mundo, la policía es percibida como una institución al
servicio de los ciudadanos: profesionales altamente preparados que han superado
exigentes pruebas físicas y psicológicas, capacitados para portar armas y
proteger a la población.
En Argentina, sin embargo, la percepción suele ser muy distinta. Te
encuentras con agentes que apenas podrían correr tras un delincuente, academias
de policía que han llegado a admitir aspirantes con antecedentes penales, una
formación deficiente y unos salarios tan bajos que terminan favoreciendo la
corrupción.
Por todo ello, las fuerzas de seguridad no suelen gozar de la admiración ni
del respeto de gran parte de la sociedad, aun cuando muchos de sus miembros se
juegan la vida a diario en un entorno marcado por altos niveles de
delincuencia.
Por eso, cuando un policía español te dice que no salgas
a la calle, que te pongas la mascarilla en el transporte o te da cualquier otra
instrucción, el ciudadano, basándose en el principio de autoridad y en la
imagen que tiene de la institución, suele acatarla y asumir que se dicta por su
bien.
En Argentina ocurre algo diferente. Acostumbrados a
mirar a la policía con desconfianza, e incluso a cambiar de acera cuando
aparece un agente, sus instrucciones no producen el mismo efecto. Su autoridad
se ha visto erosionada por décadas de corrupción, abusos y coimas para evitar
multas o sanciones.
Las fuerzas de seguridad tienen menos fuerza en
Argentina para implantar la agenda, los encierros y las ciudades cárcel tan
promocionadas. También llamadas ciudades de quince minutos.
En cuanto al Estado, los argentinos no creen en su
bondad. Casi ni siquiera quienes reciben subsidios lo hacen. Se benefician de
ellos, pero saben que los intereses del aparato estatal no siempre coinciden
con los de los ciudadanos.
Existe una frase muy extendida que resume esa
desconfianza:
"El Estado siempre te quiere cagar."
Así que nadie cree en el Estado. Y me cuesta pensar que
mensajes como "quédate en casa", "no tomes el sol" o
"cierra tu negocio" vayan a tener una segunda oportunidad.
No después de ver helicópteros persiguiendo a remeros en el río Paraná, como
tristemente ocurrió años atrás.
Fútbol
Aquí la Agenda 2030 tampoco lo tiene fácil para que
estos anarcos futboleros obedezcan.
En un país donde están prohibidas las bengalas y el
público visitante en los estadios, las tribunas siguen llenándose de bengalas
que, misteriosamente, siempre encuentran la forma de llegar
Y aunque las aficiones visitantes no puedan entrar a las
canchas, miles de personas se reúnen igualmente en parques y plazas para lo que
llaman el "banderazo": una celebración colectiva donde quince mil o
veinte mil aficionados se abrazan, cantan y comparten la previa del partido.
O donde dos millones de personas son capaces de
congregarse para despedir al Diego en pleno confinamiento.
Aquí el fútbol es mucho más que un deporte. También es otro freno para la
Agenda 2030.
Medicina
Un país donde surge uno de los primeros movimientos
médicos de desobediencia a la autoridad, denunciando atropellos, malas praxis y
una medicina cada vez más protocolizada, repetidora de instrucciones
despersonalizadas y alejada de la realidad de los pacientes.
Un país donde algunos de estos médicos fueron
perseguidos, sus domicilios allanados, apartados de los medios de comunicación,
retirados de manifestaciones e incluso detenidos. Donde muchos perdieron o
abandonaron sus puestos de trabajo para defender su rechazo a una medicina
excesivamente dependiente de los laboratorios y reivindicar una relación más
humana entre médico y paciente.
Un lugar donde también florece la medicina alternativa y
donde ese movimiento termina saltando las fronteras del país para proyectarse
al resto del mundo.
Con los médicos tampoco lo tiene fácil en Argentina la Agenda 2030.
Corrupción
Un lugar donde la Plandemia se utiliza para hacer
militancia partidaria y donde las campañas de inoculación del tratamiento génico
son llevadas a cabo por activistas políticos en parques, bajo tiendas de
campaña improvisadas y con simples neveras portátiles.
Ellos hacen política. Para muchos, esa militancia se convierte también en
una forma de subsistencia, una alternativa más atractiva que enfrentarse a las
dificultades del mercado laboral.
Llegar y, por cien dólares, salir con un papel que
certifique algo que nunca ocurrió es más fácil de lo que muchos imaginan.
La corrupción abre caminos alternativos para sortear las
normas. Y cuando esas normas se perciben como ilegales, arbitrarias o
contrarias a los principios más básicos, ni siquiera quien las elude suele
sentirse culpable.
Para la mente de muchos argentinos, desobedecer determinadas reglas no es un
acto inmoral, sino una forma de subsistir.
Familia
La familia tradicional, atacada de todas las maneras
posibles por la agenda, sigue siendo fuerte en este país.
Los abuelos no entienden cómo pueden pasar una semana
sin ver a sus nietos. Y los nietos siguen encantados de escuchar sus historias,
compartir un mate y pasar tiempo con ellos.
Un consejo para los impulsores de la agenda: desistan. Aquí ya están pisando
terreno peligroso.
Amistad
Aquí llegamos a un valor supremo. No creo que este
sentimiento sea igualado en ninguna otra parte del mundo. Siempre ha estado por
encima del color de la piel, la procedencia, las orientaciones sexuales y, lo
más difícil de todo, los colores de los equipos de fútbol.
Aquí la amistad es un valor sagrado. No hay normativa
capaz de distanciarla ni agenda que pueda separar lo que un asado es capaz de
unir.
Tampoco será fácil convencernos de prohibir la carne por los gases de las
vacas. Lo tendrán difícil para alejarnos de nuestros alimentos, nuestras
costumbres y nuestros encuentros alrededor de una parrilla.
Señores de Davos, de la ONU, de los fondos de inversión,
de la OMS; señores planificadores y ejecutores: esta será su tumba.
Con estas almas no se jode. Aquí los esperan, espalda con espalda, con la
fortaleza del amor y la amistad.

Buena nota Pirrone.
ResponderEliminarMuchas gracias...
ResponderEliminarSublime
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